Una leyenda en el Estado de México




Cada lugar mágico de México tiene tanta historia en sus calles, en cada piedra, en cada edificio, no acabaríamos nunca de escuchar a la gente. Por ejemplo, se dice que en las regiones boscosas del estado de México se habla mucho de las “Brujas” o “demonios”, que aparecen en la noche manifestándose como “bolas de fuego” o “luces” que brincan de un cerro a otro o de un árbol a otro con enorme facilidad y velocidad. Estas mismas han sido causa de muchos accidentes viales en las carreteras de Villa del Carbón, Tepozotlán y anexas.



Durante un viaje más al Estado de México, andábamos medio perdidos en los alrededores de Valle de Bravo y en las inmediaciones del pueblo de Otzoloapan, hay un barranco, estábamos buscando una carretera (o quizás estábamos sobre ella) cuando nos acercamos a un hombre mayor que transitaba al pie de lo que podría ser el camino – Señor, buenas noches, disculpe estamos tratando de llegar a Valle de Bravo, ¿nos podría indicar el camino que debemos seguir? – le pregunté con la mayor amabilidad que podía y la sonrisa más grande. El hombre se detuvo y en medio de la oscuridad nos miró. – No deberían andar por estos caminos a estas horas, son peligrosos y más en carro. – ¿Qué, cómo? ¿No se supone que en carro estaríamos más tranquilos?, pensé yo mientras escuchaba mi corazón tratando de salir corriendo de mi pecho. ¿Perdón? Le dije con mi cara de "no entendí, no le creo, no le quiero creer".
Otzoloapan

Mientras uno de nosotros se acercaba a la ventanilla. – ¿Quiere que lo llevemos?  El Señor dijo se llamaba José María y yo que enseguida empiezo Don Chema por aquí, Don Chema por allá; no fuera a ser la de malas y ¡aca – baramos!… como dice el Castor.

 A ver Don Chema, cuéntenos ¿por qué dice que el camino es tan “peligroso”?. (No uses ese tono burlón, no uses ese tono burlón… como siempre) Don Chema contesta muy serio: ¿Son turistas, “verda”?, Este camino es peligroso; cuentan las historias antiguas que hace mucho tiempo, un grupo de ladrones que conducía al lomo de mulas con un botín de alhajas y onzas de oro y plata; eran perseguidas por la justicia y que ya mero los alanzaban. Los bandidos, se sintieron perdidos, decidieron arrojar los sacos con todo en una cueva que había en aquel barranco y que taparon con tierra, teniendo la esperanza de que libres de ellos, algún día podrían volver allí, para desenterrar el tesoro. Aligeradas las mulas del peso y montados en ellas los ladrones se juyeron con más “velocida”; pero en esto que los abandona la suerte porque los dados que los perseguían les dieron alcance y se los echaron a todos cuando iban en la fuerza de la carrera.Los agentes de la justicia se dieron cuenta de que ya no llevaban absolutamente nada de lo robado, esperando que en el barranco que baja del Agua Zarca lo pudieron haber ocultado, ya que todo el resto del camino era llano y parejo. Claro que buscaron mucho el escondite; pero todo fue en vano, nunca se encontró. Pasaron muchos años de aquel suceso; de generación en generación se ha pasado la historia y sobre todo en las personas como yo que llevamos toda la vida aquí, estamos seguros de que ese tesoro sigue por ahí enterrado. En el pueblo había tres hombres; déjenme recordar sus nombres…¡ah caray que fue hace tanto!, eran Antonio Sánchez, Juan Hernández y Rafael Flores; los dos primeros originarios y vecinos de San Martín Otzoloapan y el otro era del Valle de Bravo; si ya me recuerdo.
Un gran tesoro sigue escondido en esta barranca 

Esos tres estaban convencidos de que en la barranca estaba escondido un gran botín y se fueron a buscar, y recuerdo que dicen que invitaron a que los acompañara a Primo Castillo de Valle de Bravo, era reaventado ese y por eso se lo llevaron también. Y un buen día se fueron pa´l lugar y comenzaron a escarbar en un lugar y en otro y mientras hacían esto escucharon unos quejidos huecos que salían de la tierra: los oyó primero Primo Castillo y todos acobardados salieron huyendo. El demonio estaba apoderado de esas riquezas y no permitía que las sacaran. Entonces el que se llamaba Antonio Sánchez llevó un rosario bendito y se lo colgó en el cuello creyendo que así el demonio los dejaría trabajar; pero no fue así, porque cuando menos pensaron, el del rosario sintió que se le acercaba un hombre que había aparecido así de pronto; y cuando llegó a él, lo saludó dándole las “buenas tardes” y que le arrebata el rosario y desapareció en la medianía de la barranca. Pero aquellos hombres eran necios y aunque tenían miedo volvieron a ir, entonces una extraña aparición les trastornó sus mentes, al ver que en un tepeguaje estaba un mono negro con un sombrero que casi le tapaba la cara y al acercarse a ellos se reía a carcajadas. Creyeron que era el demonio; y Antonio Sánchez que era el más piadoso de todos, rezó; el mono se esfumó, pero a poco tiempo volvió a salir de un antro y aquellos hombres acobardados por esas muestras misteriosas y sobrenaturales, huyeron y ya no volvieron a presentarse más en aquel lugar. Esto pasaba por el 1880 y aún dicen que se escuchan por aquí los quejidos… a veces, niños se pueden ver por allá las bolas de fuego…
Dicen que se ven bolas de fuego en la carretera ¿será? 

Todos estábamos en silencio… buena historia, sí. Pero para variar, a las diez de la noche en un camino que no era camino alguien tenía que abrir la boca: ¿Y donde es ese lugar?, El hombre señaló justo la barranca a lado del camino…
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