La Leyenda del Centauro del Norte

Estatua del Centauro del Norte en Parral, Chihuahua



Una de las grandes satisfacciones de trabajar para Huidas por México son las grandes oportunidades que he tenido de acercarme al alma de México; cuando viajo, amo que me cuenten historias... amo que la gente me cuente sus historias y haciendo esta ruta maravillosa sobre el Centauro del Norte, esto me encontré:






Uno de los lugares más importantes en la Ruta de Francisco Villa es, sin duda San Juan del Río en Durango y aquí andábamos frente al Mural “Potro de Hierro” preguntando sobre las leyendas del lugar, cuando conocimos a Doña Gertrudis o Doña Tru, como prefiere que le llamen: “la mejor leyenda que tiene el norte es el mismísimo Centauro” y de ahí, que nos la agarramos para que nos platicara… porque han de saber que en estos lugares todos, todititos tienen algo que ver con el Centauro y, a según, la familia de Doña Tru fue fiel seguidora del Centauro, así que tenía muchas historias que contar… y muchas más ganas de hablar.
Villa tenía un afán de justicia tan impetuoso, que sinceramente a veces la regaba gacho; y tanto así que cuentan que en una ocasión se le acercó una mujer pidiendo justicia, y aseguraba que había sido violada por uno de sus soldados. Ni tardo ni perezoso, Villa ordenó traer al culpable y lo mando fusilar. Sin embargo, tan pronto el cuerpo del soldado fue retirado del paredón, un sargento le contó a Villa que la mujer quiso enamorar al soldado, pero éste la desairó y, en venganza, lo acusó de violación. Consciente de que había cometido un error, decidió corregirlo de inmediato. Mando traer a la mujer y, al igual que con el soldado, ordenó que la fusilaran.

“Así es la justicia de los hombres”, dijo Villa, alejándose del lugar. ¡¡Y si!, así era la justicia en ese entonces. Así era Villa de atrabancado cuando las cosas no resultaban como él lo deseaba.
Cuando se inició en la revolución, Villa tenía 32 años, era un hombre muy fornido, media 1.89 y pesaba 90 kilos. De caminar despacio, con los brazos echados muy atrás, por lo ancho de su pecho. Tenía los ojos verdosos, pero cuando se enfurecía, lanzaban destellos terribles que hacían temblar al más valiente. Su enorme bigote y su cabello rizado, eran de color café rojizo, razón por la que entonces le decían “El Güero”, aunque fue mejor conocido como el “Centauro del Norte”, porque era un excelente jinete. Le gustaba torear novillos y cuando éstos le propinaban golpes duros, se enojaba y tomándolos por los cuernos, luchaba con ellos hasta tumbarlos.

A los 16 años se unió a unos forajidos y con el tiempo se convirtió en su jefe. El botín que obtenía en los asaltos a haciendas, minas y trenes, lo compartía con los pobres. Por esto, toda la gente lo veía como un sostén del pueblo. Lo llamaban “El Bandido Generoso”.

Campesino analfabeto, Doroteo Arango, que era su nombre real, andaba huyendo por haber matado a su patrón que quiso violar a su hermana; fue cuando lo conoció Abraham González que lo convenció para que se uniera a la causa revolucionaria. Decidió entonces irse a la Sierra de Chihuahua, donde reclutó 375 hombres con los que fácilmente tomó la población de San Andrés. Por su triunfo, fue nombrado coronel.

Madero le concedió amnistía total de los delitos que había cometido. El decreto, señalaba que los abusos de la dictadura lo habían obligado a cometer “ciertos actos” por los que era perseguido. Casi terminado el movimiento armado, Villa recibió órdenes con el general Victoriano Huerta, quien para deshacerse de él le envía a atacar con sus fuerzas (que eran muy inferiores) a Pascual Orozco, quien se había sublevado. Villa lo derrotó. Esto enfureció tanto a Huerta, que lo acusó de insubordinación. Una Corte Marcial, en tan sólo 15 minutos, lo condenó a muerte. Villa dio su reloj y su dinero a los soldados que lo iban a fusilar.

Se plantó frente al muro donde el sargento del pelotón de fusilamiento había marcado una X con su bayoneta y se dispuso a morir. Cuando iban a disparar llegó un indulto del presidente Madero. Aún así fue encarcelado. Después, Carlos Jáuregui, un funcionario judicial, le dio una lima para cortar los barrotes de su celda y un disfraz. Villa se rasuró su bigote, se puso un bombín, una capa española y zapatos de lona y escapó y no paró hasta llegar a Estados Unidos. Después, cuando se unió a Carranza, obtuvo grandes triunfos. Al guerrillero le gustaban las mujeres “prietas, de grandes ojos negros, de pechos duros”. Si la mujer quería casarse, pues se casaba con ella, sin hacer caso a los otros matrimonios que tuvo. Al disgustarse con Carranza, su buena estrella decayó. Finalmente fue bruta y cobardemente asesinado en Parral…
Hace dos décadas, una indígena de unos 80 años que peleó al lado de Pancho Villa y que se había expatriado a Estados Unidos, en su lecho de muerte, reveló cómo el Centauro del Norte mandó que sus hombres enterraran su tesoro en las faldas de un cerro cercano a Parral, Chihuahua. El tesoro consistía en 122 lingotes de plata de las minas, medio millón de oro en monedas de oro del Banco Minero de Chihuahua y muchos millones más en joyas, resultado de saqueos a casas de ricachones explotadores. “Todavía está enterrado allí”, dijo la anciana, “ya que los hombres que enterraron el botín murieron en combate”. “Todo esta en bolsas de cuero”.

La anciana murió sin revelar el sitio exacto del entierro, por temor a la venganza del espíritu del guerrillero.
Aquí no se reconoció esta revelación, hasta años después, pero en Estados Unidos causó gran sensación. Muchos aventureros gringos, llegaron a Parral, en busca del fabuloso tesoro… Nunca ha sido encontrado, dicen.

Villa, para algunos fue un bandido, para otros un héroe, pero nadie puede negar que como revolucionario tenía un gran carisma, poder de convocatoria; una gran pasión y como bandido era generoso; debido a esto han surgido infinidad de leyendas, esta puede ser una de ellas, sin embargo todavía hay quienes están convencidos de que el tesoro de Villa más que una leyenda es un trozo de la Historia y que existe… Sólo es cuestión de encontrarlo.

Fotos Antiguas de http://memoriapoliticademexico.org
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