Caminata Nocturna en EcoAlberto




Jamás pensé que llegar a EcoAlberto y VIVIRLO fuese a provocar tantas sensaciones en mi, jamás imaginé lo que un par de horas en situaciones desconocidas, retando a tu cuerpo pueden hacer en una persona.




Me invitan entonces a conocer el Parque Ecoturístico EcoAlberto, un proyecto nacido en las mesas de estos indígenas tratando de evitar que sus hombres siguiesen emigrando en busca del tan famoso “sueño americano” del que la gran mayoría no vuelve jamás. Las cifras que me dan son abrumadoras: cientos de familias que se han quedado en el desamparo porque el Jefe de Familia jamás volvió y el tan esperado “billete verde” no llega, chavitos que han tenido que dejar la escuela para ayudar en sus casas… familias enteras separadas por nada.

Este producto, diseñado por los ñañús es la manera de hacer un tributo a sus hombres... y mi experiencia fue así:
Eran las ocho y media en punto. Uno de los chavos de staff comienza a leer los nombres de su lista; uno a uno vamos subiendo a las trocas. Éramos 40 fulanos en siete u ocho trocas, todos nos hicimos chiquitos en la parte de atrás para que todos entráramos. Al salir del balneario donde fue la cita, se detienen en la entrada; un trueno se escucha y todos brincamos, al levantar la vista el cielo se ilumina con las luces de los fuegos artificiales. Estamos nerviosos, ansiosos diría yo, entonces chiflamos y gritamos de la emoción que se nos salía del pecho. Nadie dice nada, no sabíamos donde empezábamos y mucho menos cómo acabaríamos. Es entonces cuando ese sentimiento de hermandad con el “guey” de a lado que ni conoces comienza a germinar (¡¡y como deseas que en verdad de frutos!!) Terminan los juegos artificiales y, otra vez avanzamos, me siento como una vaca, la velocidad va en aumento y siento que puedo salirme. No sé porqué, pero tengo miedo.

Llegamos a una iglesia, nadie sabe exactamente donde estamos, la obscuridad es total. Desaparecen las camionetas y aparece un equipo de personas vestidas de negro y con pasamontañas, nos piden que formemos un círculo. Obedecemos. De la obscuridad total aparece una figura. Un hombre fornido y alto, también de negro con pasamontañas, parece ser el líder. Se coloca al centro del círculo: “Lo que está noche pasarán es lo que les sucede a miles de nuestros hermanos que cruzan la frontera hacia el sueño americano, todos los días. Esta noche ustedes cruzaran la frontera hacia la solidaridad, porque independientemente de la comunidad a la que pertenezcamos, todos somos mexicanos ¿cierto?” Cierto. Gritamos todos – “no los escuché, griten más fuerte, como mexicanos” – ¡¡cierto!! Volvimos a gritar. – Esta noche van a cruzar la frontera, la frontera de los prejuicios, la frontera de la indiferencia. Tendrán que luchar y mucho, contra la oscuridad, contra el miedo, contra el cansancio… Necesito tres valientes, tres voluntarios que me acompañen - Todos nos mirábamos y los tres valientes dimos un paso al frente. “Nosotros tenemos algo que nos une en solidaridad, un símbolo que nos invita a la lucha unida. Tómense de las manos. Hoy vamos a unir nuestras voces como lo que somos Mexicanos…” tomó una bandera de México y nos la dio para que la sostuviéramos. Empezamos a entonar el Himno nacional mientras él nos pedía que lo gritáramos. Una fuerte energía nos invadió a todos y cantamos… gritamos con todas nuestras fuerzas. No sabíamos a ciencia cierta lo que nos esperaba pero sabíamos que estábamos unidos. Llegamos a la última estrofa y justo al final vimos las luces de lo que podía ser una patrulla.
Nos están buscando, escuchen bien. Obedecerán todas mis órdenes sin replicar. Aquellos que tengan alguna incapacidad física o poca condición, que sean lentos van al frente, después las mujeres y los niños y al último los hombres. ¿Entendieron?- silencio total. Con su tono autoritario repitió ¡¿Entendieron sí o no?! Sí, gritamos.


Comenzamos a correr, un grupo detrás de otro. “corran, corran, ¡¡vamos no se detengan!!” gritaban los encapuchados que me pareció venían custodiandonos. De pronto alguien grita “viene la migra, vamos todos al suelo” -¿al suelo?, pero está lleno de tierra - (esa soy yo) ¡¡Al suelo, ahora!! Y no fue hincada, no fue en cuclillas, fue ¡¡pecho tierra!!. Estábamos junto a un camino, pasó la migra. Y de nuevo a correr. Nos internábamos a una boca de lobo… el bosque. “corran, corran”. El pasto estaba húmedo. “Cuidado aquí” nos decíamos unos a otros. Una alberca de lodo nos detuvo. “sigan, vamos, brinquen” Algunos nos quedamos atorados con el lodo hasta las pantorrillas, los que iban adelante regresaron a sacarnos… espero que haya sido lodo y no caca de vaca… pensé cuando vi mi tenis. Un bosque de ahuehuetes que guarda celosamente sus historias se ve a lo lejos, “sigan corriendo, sigan corriendo”. La respiración me falta. Necesito descansar. Tengo miedo.

Cuando me doy cuenta soy una migrante ñañú persiguiendo un sueño. Cuando ya estás inmerso en esos espacios mágicos, una luz penetrante aparece amenazante, signo de que la migra anda cerca y que tus “sueños” están a punto de irse al carajo. Oscuridad total; la adrenalina comienza a hacer efecto en todos; la combinación de correr a través de terrenos llenos de obstáculos y la persecución sin más ayuda que la de un “pollero” resulta intensa. Pero una vez aceptado el reto no te puedes echar para atrás. Tenemos que seguir. Brincamos, rodeamos. Un túnel nos sirve de escondite ante la nueva amenaza. Seguimos corriendo. Una casa a punto de caer aparece en un claro. “Escondanse, vamos todos adentro”. La migra sigue pisándonos los talones, las luces de la torreta entraban por lo que alguna vez fueron las ventanas… la sirenas, como nunca antes me parecieron espeluznantes. Yo tomaba fuertemente la mano de Eduardo, un joven de unos 30 años que se convirtió en mi mejor amigo en este camino– No me sueltes – le dije al oído- No aquí estoy. “shshshs, cállense, cállense, no hagan ruido” De pronto pasos - ¡Oh por Dios!- Murmuró. Las luces de la linterna se ven en el techo. “shshshs, silencio”. Estoy harta de que me shusheen.


“Vamos a descansar”, nos acomodan en un pequeño claro haciendo circulo en una gran fogata donde se representan las leyendas del lugar: “Don Beto”, “Los Arrieros”, “Los Chaneques”. El hombre mayor, líder de la comunidad nos dice en ñañú que volvamos a nuestros hogares. Estamos cansados. Nos reímos algunos y otros toman agua. “levántense, tenemos que seguir”. Corremos de nuevo hasta que en medio del bosque, aparecen tres hombres con acento extraño “¿Qué traen?” gritan, levantan a algunos, los revisan, tienen algo en la mano que parece un arma “al suelo todos, al suelo” gritan. “saquen lo que tienen de valor”. Nadie se mueve. Se escucha de nuevo la sirena. Los tres hombres salen corriendo y nosotros también. Correr, correr porque nos alcanzan, correr porque tenemos que cruzar, correr entre plantas espinosas, correr entre piedras y tierra, correr cuidando los pies para no encontrarte con algún bicho extraño. Correr y correr. Nos acomodan agachados entre arbustos secos y ramas, todos en bola, encogidos, sudados, sucios. “no se muevan, acomódense bien, no sabemos cuánto tiempo estaremos aquí” ¿Se imaginan 80 gentes en 10 metros de arbustos? Estamos peor que sardinas. ¡No!, otra vez las luces, las patrullas se detienen, las luces apuntan hacia donde estamos nosotros. ¡Qué angustia! Alguien grita, sale corriendo, los oficiales se lo llevan, se escuchan disparos, gritos.

Todos estamos inmóviles… Escuchamos los gritos… se lo llevan. “Ahora salgan, corran, corran, corran”. Pensé que había pasado lo peor. Pero no, teníamos frente a nosotros un cerro que me pareció inmenso aquella noche, subíamos alertándonos unos a otros de las plantas espinosas, nos tomábamos de la mano, nos ofrecíamos agua sin importar de quien era la baba. Nos topamos con un terreno lleno de piedras pequeñas, medianas, grandes y enormes. Mis pies parecían prestados, no querían seguir y de pronto que azota la res (o sea yooo  ) , muchos me ayudaron…Ya no puedo, no puedo más, dije sollozando… “Tienes que seguir, amiga, no nos podemos detener, si te dejo aquí te agarra la migra” me dijo el encapuchado a cargo, me tendió la mano…”Yo te ayudo”, tomé su mano, dirán que estoy loca, pero teníamos tanto tiempo caminando, corriendo, saltando que esa mano extendida era como mi tabla de salvación; lo tomé con mucha fuerza y Él correspondió igual. Ahí confirmé que los mexicanos nos ayudamos, nos apoyamos, seguimos aún a pesar de la adversidad… Sabía que faltaba poco pero desde ese momento este peculiar personaje no me dejo sola. Lo cual agradecí infinitamente.


Seguimos pero ahora había que bajar…¡¡por arena!! “hay una cuerda, úsenla” Nos tomamos de la cuerda, de las manos, de lo que hubiera, un error y bajabas de sopete. Ya abajo, llegamos al Camino Real, junto al río, silencio total, sólo escuchábamos el murmullo del río. “Hemos llegado casi al final, hagan un círculo y tómense de las manos; el día de hoy han cruzado la frontera de la indiferencia para llegar a la tierra de la solidaridad. Quiero que ahora cierren los ojos y tomen una piedra. No la busquen dejen que la piedra llegue a ustedes, siéntanla con sus manos. Esta piedra simboliza todo lo malo que han dejado en el camino, la indiferencia, el egoísmo, la burla… ahora arrojenla con todas sus fuerzas al río…” Nos paramos todos frente al río, lentamente, con los ojos cerrados uno a uno fueron dejando que sus piedras los encontraran… he de confesarles que la mía era una piedrita, por más que toque para una piedra más grande; ya con las piedras en la mano y con todas las pocas fuerzas las arrojamos. “Ahora vuelvan al suelo, cierren los ojos y dejen que una nueva piedra vaya a ustedes. Esta piedra simboliza lo bueno que encontraron porque si vieran lo que han hecho hoy se sorprenderían…tómenla en sus manos, es lo bueno, lo mágico. Llevensela a casa”, abrí los ojos… vi mi piedrota y le agradecí a Dios el mensaje que acababa de enviarme. La tomé con todas mis fuerzas.. es el mejor recordatorio que tendré de esta noche.

Después debíamos subir otra vez por terreno arenoso y muy, MUY accidentado. Manos que se entrelazaban para ayudar, cuidados dichos por todos lados, mochilas que cambiaban de espalda a espalda para apoyar al compañero. Ya en la carretera, subimos a las camionetas con una sensación tan gratificante, tan extraña… nos pusieron unas vendas, sabíamos que íbamos de vuelta a EcoAlberto. Al llegar nos tomamos de la mano para caminar juntos… “esperen a que les diga que se quiten la venda… ahora” Lentamente nos retiramos las vendas…¡¡Oh por Dios, qué maravilla!!… El verdadero final de esta caminata hace que se inflame el corazón de solidaridad… de amor… El Gran Cañón, símbolo de vida y esperanza para esta comunidad, nos recibe en llamas… llamas de esperanza, las bauticé yo.

Mis tips


** En EcoAlberto se realiza una caminata nocturna que sirve de recordatorio de aquellos que perecieron en el intento de alcanzar el sueño americano y de hacernos conscientes del compromiso que tenemos con estas comunidades como viajeros responsables.
** Se estima que en EEUU viven unos once millones de personas nacidas en México, de las cuales seis millones son indocumentados, y que cada año intentan cruzar la frontera hacia ese país cerca de medio millón de personas con el sueño de iniciar una nueva vida.
PD. A la mañana siguiente me encontré al misterioso personaje encapuchado y gritón que me tendiera la mano la noche anterior y que tanto me recordaba a la primera aparición del sexy “Sub Comandante Marcos” en Chiapas; aún llevaba la capucha. Después de las presentaciones de formalidad, le pregunté quien era y su respuesta textual fue: Dime “Poncho”, soy un luchador social, perseguido político….WTF!!! así es México: Sorprendente

Más info en http://parqueecoalberto.com/
Parque EcoAlberto Teléfono: 01 759 72 7 70 16
Correo electrónico: parquealberto@yahoo.com.mx





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